En una mesa redonda bajo la luz de la velas, cuatro personas se miraban fijamente. Uno, de tapado oscuro y sombrero, encendia un cigarrillo mientras el humo escondia su rostro. A su derecha, un hombre de menor estatura jugaba con un gran anillo de su dedo angular izquierdo. El tercero, enfrentado al primero, contaba un gran fajo de billetes, uno a uno. Al llegar a cien, observaba al resto y comenzaba con uno nuevo. Por último, una mujer, de lacios pelos rubios y labios rojos como la misma sangre.
Nadie decia nada, nadie respiraba. Nadie interrumpia, nadie proponia.
Nadie decia nada, nadie respiraba. Nadie interrumpia, nadie proponia.